No soy una madre manitas, más bien al contrario. Remango los pantalones no porque sea mucho más cool, sino porque soy incapaz de coser un bajo, si se me cae un botón lo dejo estar, y le acabo de pillar el truco a las rodilleras, ahora, el óvalo que hago para adecuar el tamaño estandar de una rodillera común al de una piernecilla de niño de 2 años es de ser bastante optimista por mi parte al llamarlo óvalo.
Nunca ha sido lo mio. Tengo imaginación pero, soy cutre hasta decir basta y tan cagaprisas que me siento completamente incapaz de hacer un trabajo que requiera elaboración y paciencia. Muchos me dicen que haga punto, que es relajante, pero a mi no me relaja, me altera, me saca de quicio, me frustra y me crea ansiedad. Así, que si os digo, que últimamente le estoy haciendo vestiditos a Manuela reutilizado camisetas viejas, puede que os resulte sorpendente -bueno, siempre y cuando vuestra capacidad para la sorpresa sea medio-alta- admito que no es la noticia del siglo.
Pero a lo que voy, reutilizar ropa que ya uno no se pone, lo puede hacer hasta el más negado y la satisfacción y el ahorre es muy alto.
He aquí mis últimas creaciones:
El vestido que lleva Manuela era una camiseta de
Juanita y los Feos, el grupo en el que toca el teclado mi marido y padre de las niñas. A mi me encanta esa camiseta, pero el cuello era muy cerrado y el algodón gordo, con lo que hacía que en verano me resultase poco fresca. Pero el dibujo -que de hecho es de
Aníbal, mi marido- me parece súper guay, así que opté por transformarlo en un cómodo vestidito de algodón para Manuela. La realización es fácil: como el cuello era de por si cerrado, no tuve que tocarlo, así que, simplemente corté un trozo de cada lado de la camiseta, la estreché vaya, y luego uní las partes. Aquí he de reconocer que me ayudaron los chicos del
Teatro Lírico de Muñecas, los que están en frente de ¡glück! y hacen vestuario creativo para teatro, que como tienen máquina de coser, me unieron las dos partes de la camiseta en un pis pas. Es una pena que hiciera frío cuando hice la foto, porque no se ven las mangas, que también están estrechadas, y quedaron por debajo del codo haciendo una formita muy chuli en la sisa. Me quedó muy molón el efecto, de pura coña, pero muy molón. Así que ahora Manuela luce un vestido del grupo de su padre, que además he hecho yo.
Grado de dificultad: bajo
Grado de gasto económico: bajo
Grado de felicidad; alto.

Esta otra camiseta ahora transformada en una para niña con flecos -recordé de golpe lo feliz que me hacía a mi cuando era pequeña una camiseta con flecos que tenía un dibujo de algún personaje top en la tele de los niños de finales de los 80, no recuerdo que dibujo tenía, sólo recuerdo sus flecos, que me hacían sentir que era lo más, y que divertían mucho a mi gata de entonces, Linda I, era aquella gata- pues le hice esta otra camiseta en un arranque de nostalgia y creatividad (y subidón post primer vestido). Esta camiseta es una de esas que usamos para dormir. En este caso, el cuello si era grande y dado de sí, pero tampoco lo toque, porque a) me complica mucho la existencia tener que hacer algo con el cuello y b) decidí que el cuello barca es muy molón. Las mangas las corté enteras, las eliminé de un tigeretazo deciddo, y así unido al cuello barco, quedaba también un efecto muy guay, como de manga corta caidita. La estreché al igual que había hecho con el vestido, le corté flecos a lo loco y luego, ahí como toque personal, cogí un retal de tela con motivos victorianos y le hice un bolsillito que no tiene mucho sentido pero que mola y me da ternurita hacia mi misma y mis bajas capacidades.
Pues, eso. Que en estos tiempos que corren, y en cualquier tiempo, la verdad, sacarle provecho a la imaginación y las cosas viejas es siempre un acierto. Yo ya estoy rebuscando más camisetas en el fondo de los cajones y quien sabe, quizá, dentro de poco me venga arriba y me haga una falda o chaquetas, o que se yo!, tiempo al tiempo.